Las farmacias son centros clave en esta pandemia. Las que están en pueblos pequeños aún más. En ellas profesionales como Patricia o Elvira se emplean a fondo para atender a varios pueblos al mismo tiempo. Durante la pandemia y debido al confinamiento y al aislamiento de muchos vecinos pusieron en marcha protocolos para llevar los medicamentos a domicilio. Todo un “delivery” a cargo de las boticas rurales.

Lo explica a COPE Elvira Sal del Río Arganza, una asturiana de 56 años, al frente de la farmacia de Valdeavellano de Tera. En este pueblo castellanoleonés encantador, de poco más de 200 habitantes censados, el pasado octubre se contagiaron 91 personas. La situación hizo que tuviera que estrenarse en la atención a domicilio.

“Con casi la mitad del pueblo contagiado y en comunicación permanente con la médica que atiende aquí tuvimos que trasladar la atención de la farmacia a las casas. A la hora de comer, les llamaba y les avisaba a todos de que iba a ir para que estuvieran pendientes del reparto de medicinas que les llevaba a domicilio”, explica Elvira.

Una situación difícil

Y es que la situación no era fácil. El origen del brote lo sitúan en el bar de Valdeavellano en una tarde de fútbol. “Creo que estaban viendo el partido y fue bastante rápido el contagio, la suerte fue que la mayoría de los casos fueron leves».

La excepción fue la residencia de mayores en la que murieron cuatro vecinos. «Todos se infectaron, habían estado muy protegidos en verano, pero en otoño también a ellos les tocó en esta segunda ola”, lamenta Elvira…

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