Según denuncia el sector, muchas ya han cerrado durante el coronavirus por la carga de trabajo y la escasez de recursos económicos

Selina Rebollo es una superviviente. No sólo en sentido figurado, sino en la realidad, ya que esta farmacéutica de un pequeño pueblo de Guadalajara ha tenido que estar en la primera línea de fuego durante la pandemia del coronavirus. Al frente de su farmacia en Ledanca —localidad alcarreña que cuenta tan solo con un centenar de habitantes—, ha tenido que estar al pie de cañón para abastecer de medicamentos a la numerosa población envejecida de los municipios vecinos, que tan mal lo ha pasado y lo siguen pasando en estos momentos difíciles.

De hecho, la farmacia de Ledanca es una de las pocas que ha sobrevivido en la comarca de La Alcarria, ya que muchas de ellas han tenido que cerrar sus puertas al no poder hacer frente a la gran carga de trabajo y a la escasez económica de los tiempos del coronavirus. Una situación sobre la que ha alertado esta semana la Sociedad Española de Farmacia Rural (Sefar) y la Federación de Empresarios Farmacéuticos de Castilla-La Mancha (Fefcam), que presentaron el miércoles pasado un decálogo en el que piden una serie de medidas para evitar su cierre porque, a su juicio, «las farmacias rurales ubicadas en poblaciones de menos de 1.000 habitantes están abocadas a desaparecer si las autoridades no atienden las demandas del sector»…

Leer noticia completa en abc.es

Fuente de la noticia: abc.es.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR

Ayúdanos a difundir

Si te ha parecido interesante, compártelo!