Ante la precaria situación que están padeciendo las farmacias ubicadas en poblaciones de menos de 1.000 habitantes, agravada por la sobrecarga de trabajo generada por la pandemia, SEFAR ha presentado el ‘decálogo de reivindicaciones de la farmacia rural en la covid-19’.

La situación del Covid-19 vuelve a ser demoledora para buena parte de la comunidad farmacéutica. Sobre todo, para la farmacia rural. «Nos encontramos con una sobrecarga de trabajo enorme y una presión asistencial que empieza a parecerse a la que se sufrió desde marzo a mayo (mayor número de pacientes confinados, consultorios médicos sin atención presencial, protocolos de seguridad, etc.) y que se está haciendo difícil de soportar«, denuncia Jaime Espolitapresidente de la Asociación Española de Farmacia Rural (SEFAR). Para él esto demuestra, una vez más, que la farmacia rural es «absolutamente esencial» en la atención sanitaria de comunidades como las dos Castillas, Extremadura o Aragón.

La farmacia rural ha encadenado el periodo más duro de la pandemia con el periodo estival, donde se multiplica el número de habitantes en el medio rural, y la actual situación de rebrotes, sin solución de continuidad. Desde el punto de vista de la capacidad profesional, destaca Espolita, «la vocación de servicio y las ganas de ayudar al paciente siguen imperturbables«.

En cambio, para establecer medidas de prevención (turnos de trabajo para evitar contagios, periodos de descanso, medidas físicas en los locales), estos profesionales no están en absoluto preparados para los rebrotes. «A día de hoy, la asistencia sanitaria en gran parte de la España rural recae casi exclusivamente sobre la farmacia rural y, por desgracia, se nos está dejando solos. Si seguimos tensionando al eslabón más débil de nuestro modelo farmacéutico, es probable que acabe reventando«.

Como explica el farmacéutico, hay que tener en cuenta que muchos pacientes que habitualmente regresan a las ciudades una vez finalizan las vacaciones, han optado este año por alargar su estancia en los pueblos ante la situación de alarma. Además, aumenta el número de pacientes confinados en sus casas por contagios o prevención, «lo que multiplica la atención domiciliaria» que ya se realizaba antes y siempre fuera del horario laboral de estas farmacias. «Si le unimos esto a la ausencia de vacaciones y al desproporcionado sistema de turnos de guardia en el medio rural, la situación es fácil de entender«.

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